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Esta tarde, mientras llegaba tarde a tomar mi café de las 15:30 al que siempre intento llegar a las 15:10 para pasar veinte minutitos leyendo chorradas en el Kindle, he visto dos coches incinerados justo a dos calles de la mía. En estos momentos, siendo las 2:30 de la madrugada, las calles retumban con sonidos que tiendo a identificar como momentos en los que alguien está cometiendo un crimen y la policía tiene que actuar inmediatamente. Por circunstancias de la vida paso muchas más noches despierto que probablemente el 5% de la población. Seguro que si descartamos a los yonkis, asesinos, mafiosos, prostitutas y DJs (¿acabo de poner a los DJs en el mismo saco sin pensarlo?) podemos bajarlo al 2%.

2013-12-11 15.47.05Vivo en una ciudad de esas tranquilas, en las que puedes pasear a las 4 de la madrugada por las calles deslumbrantes por las miles de farolas sin ser víctima de un crimen. No hay prácticamente asesinatos ni escándalos destacados y eso hace que le cojas mucho cariño cuando te toca patearte de madrugada media ciudad, helándote de frío y mareado por las cervezas que no estás acostumbrado a tomar hasta tan tarde. Así que es bastante normal que nos impresionemos cuando vemos dos coches incinerados en la calle o vemos desde la ventana a cinco policías hablando en voz baja y organizando la inspección ocular de todos los vehículos de mi calle. Esto también es cierto, y supongo que estarían buscando a algún chaval que habría meado en un garaje pero, al no estar acostumbrado, me marca con más fuerza.

2013-12-11 15.47.18Se podría decir que, en el tema de la delincuencia nocturna, soy un erudito. Gracias a la autoridad que me confiere la reflexión profunda y una posición privilegiada para observar los hechos desde mi ventana durante mis noches en vela, soy el más indicado para sentenciar que, en breve, comenzará una revolución de las que acaban en guerra civil. Puede que dudéis, no os lo aconsejo, mi inteligencia es extraordinaria, tanto que me hizo evitar hipotecarme durante el boom inmobiliario. Los envidiosos dirán que el verdadero freno a mi afán consumista es mi cuenta corriente a cero, que soy el equivalente a Michael Jackson en la tienda esa rara pero en cutre. Son todos idiotas.

2013-12-11 15.47.39Por las noches se está gestando la lucha armada en forma de pequeñas revueltas localizadas en ciudades poco importantes estratégicamente.  Los jóvenes están explotanto aisladamente, quemando coches o meando en garajes. Pero cada vez esas explosiones serán más grandes y chocarán contra otras ondas expansivas de mala ostia. Ahora ese germen está madurando pero terminará por nacer en forma de oposición meditada y sólida al sistema actual. Los menos jóvenes nos uniremos poco después a esa batalla cuando veamos que la cosa va en serio. Comenzará la guerra. Ellos en un lado, nosotros en el nuestro. Ellos serán menos, incluso perderán el apoyo de las fuerzas de seguridad del estado, gracias a algo tan poco honorable como la pérdida de poder adquisitivo. La policía dejará de cargar contra los manifestantes, girará y atacará a los verdaderos antisistema: una ruidosa minoría de empresarios corruptos, políticos deshonestos y religiosos ambiciosos.

Caerán.

Con pocas víctimas. Cuando los poderosos comprueben que, en todo el planeta está extendiéndose el virus de la lógica y la igualdad, bajarán la cabeza y soportarán estoicamente el castigo que la sociedad, justamente y sin ensañamiento. Una vez superada su simbólica condena serán reintegrados en la sociedad y utilizados como mano de obra esclava para reflotar el imperio de la razón. Mi imperio. Seré considerado su dios.

Sólo unos pocos elegidos podrán ser dignos de recibir y comprender mi sabiduría. Ocuparé un rancho abandonado en la ciudad de Wako, Texas y actualizaré las enseñanzas del excelso David Koresh, iluminado que glorificó a la iglesia de los Davidianos. Me rodearé de discípulos ávidos de conocimientos y practicaré el sexo libre mientras adoctrino concienzudamente sus abotargadas mentes. Eso sí, no descuidaré mis obligaciones con Internet ni mis necesidades hedonistas.

Tiene que ser eso, sí. Porque pensar que los jóvenes no se están levantando en armas contra las injusticias que nos rodean es de recelosos y malpensados. Y yo soy muy de pensar bien.

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