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“A través del centeno, pobre chica. 
A través del centeno, arrastraba las enaguas.
A través del centeno.”

Holden Caulfield

A través del barro y del centeno nos arrastramos, y esta vez nadie nos atrapará si nos da por jugar cerca del precipicio. Nuestro guardián está a otras cosas.

Estamos solos, tan solos como podamos estar aquí en un mundo en el que tu teléfono le dice a los ordenadores de tus colegas, cuántos kilómetros has corrido, en qué dirección lo has hecho y cuando hectolitros de sudor has sacado de los calzoncillos al quitártelos.

Lo peor de todo es que no somos Rambo en Acorralado, ni Ripley en Aliens, ni siquiera somos Ben Stiller en Zoolander. Somos Houlden Caulfield dando tumbos como idiotas sin saber muy bien dónde vamos ni qué coño queremos.

Nos expulsamos a nosotros mismos de la escuela preparatoria Pencey. Y menos mal, porque el director, un gallego bajito, con bigote y mala ostia, nos sometía a una disciplina demasiado rígida, estricta, ciega y peligrosa. Con un poco de suerte y algo de encaje de bolillos, conseguimos salir de aquella mierda de “escuela” que duró 40 años.

Holden Caulfield

Holden Caulfield

Resulta que teníamos pocas opciones. Por un lado teníamos a nuestro nuevo amigo Stradlater. Un tipo joven, fuertote, deportista, a la última, sexy, recién llegado del exilio, con ideas frescas, renovador. El no-va-más del molar. Y claro, ¿Quién se resiste a un tipo así? Nadie. Nos fuimos a dormir a su habitación, porque queríamos estar cerca de él, le dimos el mando de nuestras vidas, porque era lo que teníamos que hacer en aquel momento. Con el roce, uno se va conociendo, y salen las cosas. Al final nos dimos cuenta de que era un idiota. Muy moderno y guapo, pero un idiota.

¿Teníamos otra opción? Pues claro que sí. Nos fuimos a llorar a la habitación de nuestro otro amigo. Ackley era el tipo raro, con granos, feo, que ni siquiera nos parecía divertido, más bien todo lo contrario. Un tipo del que no te puedes fiar, porque es un tipo que disfrutaba de aquella escuela asquerosa que nos estuvo jodiendo tanto tiempo y que además era un pelota con el director. Era un tipo que tenía una habitación cerrada, con tufo a sacristía, un tipo al que acabamos aborreciendo. Era incluso más gilipollas que Stradlater.

Tal vez lo peor fue enterarnos que los dos se llevaban demasiado bien a nuestras espaldas.

Por si todo esto fuera poco, somos unos tipos de lo más raro, y es difícil que nos acepten, pues tenemos el lado derecho de la cabeza lleno de canas prematuras, y eso nos hace parecer más viejos de lo que somos. Así que, para tapar un poco las vergüenzas, nos compramos una gorra roja de cazador, con la visera bien larga. Con semejante corona, nadie se fijará en las canas.

¿Y entonces? Pues entonces nos subimos a un tren solitario a las tantas de la madrugada, de camino a casa, a buscarnos algo mejor. En ese tren nos encontramos con la madre de nuestro amigo Ernie. Ernie es un gilipollas, un tipo con acento extranjero cerrado, un tipo de fuera, que disfruta de los pretzels, los strudels y de decirnos lo que tenemos que hacer, cuándo hacerlo y cómo hacerlo. Ernie es el tipo de persona que cuando te dice: ¡Salta!, espera una respuesta tipo: ¿A qué altura? Ernie lleva unos años jodiéndonos, apretándonos las clavijas, y robándonos una buena parte del dinero del almuerzo. Sin embargo, cuando su madre nos pregunta por él, estamos encantados de haberlo conocido y nos parece una persona maravillosa y genial. Es más si pudiésemos nos iríamos a vivir a su habitación (muchos ya lo hacen).

Y ahora, ya en casa, nos encontramos que estamos desnudos y tiritando en una habitación de un motel asqueroso, con Sunny y su chulo (que a ratos es Stradlater, y a ratos Ackley) que nos han estafado, nos han sablado la poca pasta que nos quedaba y nos ha humillado, dándonos un puñetazo en la barriga y largándose sin dignarse a echar un polvo de mierda con nosotros (que encima, seguimos pagando).

Y para colmo ahora me entran ganas de disparar a Reagan…

Jaume Vicent

http://excentrya.blogspot.com.es/

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