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     Hace poco más de dos años murió el alegre Kim Jong-il, abriendo así las puertas a las nuevas y relajadas aventuras de su hijo, Kim Jong-un, el niño rollizo con cara de tonto. Aquél que se cargó a su tío por ir de putas y a su exnovia por, según la ley norcoreana, bailar como una puta -aunque después, lo de la novia, se desmintió con unas fotos de ella trabajando en un almacén de naranjas-.

     Las imágenes del entierro del padre, recorrieron todo el planeta. Pudimos observar el extraño comportamiento de aquellos que debían mostrar un luto creíble y que, debido a su cultura reservada y a la represión política, no acostumbran a mostrar sus sentimientos en público. De hecho se podría decir que, más que un luto, lo que presenciábamos en aquellas exequias era la deducción del pueblo coreano sobre cómo debe afrontarse el luto de alguien que realmente te importa. Es sencillo, vas improvisando hasta que coordinas tus acciones con las de la masa que te acompaña y, entonces, te dejas arrastrar por la corriente. Aunque, estoy seguro, el lavado de cerebro continuo habrá hecho que muchas de esas lágrimas fueran más que sinceras.

     Esto es lo que pasó:

     Y esto es lo que cualquier occidental vio:

Kim Jong-un, siempre rollizo.

Kim Jong-un, siempre rollizo.

     Kang Chol-Hwan, en su libro Los acuarios de Pyongyang, cuenta la experiencia de primera mano de alguien que vivió y creció en Corea del Norte. Explica cómo es vivir en un lugar en el que la propaganda, el militarismo y la traición están a la orden del día y hasta qué punto puede llegar a normalizarse una situación extrema cuando se tiene que vivir con ella. Los niños de Corea aceptan sin rechistar conceptos como la gloria del caído en batalla, los himnos repetitivos alabando las virtudes de su dirigente… al igual que nuestros niños dan por sentado que el «Jesusito de mi vida es niño como yo, por eso le quiero tanto que le doy mi corazón. Suyo es, mío no», sin inquietarnos lo más mínimo al ver a nuestros hijos renunciando tan fácilmente a su órgano vital, regalándoselo a un señor con barba, melena y los huevos peludísimos. Eso sí, se lo dan al Jesús de cuando era niño, por si no resultaba bastante desconcertante. Kang Chol-Hwan, decíamos, señala que nadie creía en la divinidad de sus dirigentes, pero aceptaban la palabrería con la cabeza gacha y la tranquilidad de que, si no transgreden ninguna de las cambiantes normas que gobiernan su vida, podrán llevar una vida sencilla y feliz. Dicha sumisión continua, lleva a los ciudadanos a un estado letárgico muy oportuno para conservar dicho sistema político, eso está clarísimo, pero lo que a mí me interesa es la belleza involuntaria que hay escondida detrás de tanta opresión.

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El París chino. Sólo lo utilizan algunas parejas para ir a hacerse la foto de bodas, como la ermita de mi pueblo.

     Algún día me gustaría escribir un post sobre las ciudades fantasma de China, tema que me va a llevar un tiempo llegar a comprender por completo. Por lo visto, entre cientos de irregularidades muy jodidas, a China le interesa mucho construir ciudades para después abandonarlas, dejándolas totalmente vacías, ya que su sistema económico se ve más beneficiado por la construcción que por la venta en sí. Es algo así como una burbuja inmobiliaria pero con una consciencia y a unos niveles alucinantes. Imaginad pasar días enteros en esas ciudades vacías, paseando por calles totalmente vacías, pudiendo entrar en cualquier edificio y recorrer escaleras que llevan a plantas perfectamente compartimentadas, pero sin muebles ni decoración. En Corea podrías disfrutar de eso y más, con ese toque de misterio añadido en el que sabes que en cada ventana hay alguien observándote. Si consigues salir a dar una vuelta, serás el único turista de todo Piongyang -una ciudad con los mismos habitantes que Madrid, pero una densidad de población cien veces inferior-, paseando por unas calles totalmente vacías y oscuras por la noche.

El país destacado que está a oscuras se supone que es Corea del Norte... y la verdad es que me lo creo.

El país destacado que está a oscuras se supone que es Corea del Norte… y la verdad es que me lo creo.

     Guy Delisle es un autor de cómic conocido, principalmente, por haber narrado sus viajes a países desconocidos para la gran mayoría. En su obra “Pyongyang, cuenta que, debido a un trabajo como director de animación, tuvo que desplazarse durante unos meses en aquel inquietante país. A todo visitante le asignan un guía y un traductor que le siguen a todas partes, no está permitido salir del hotel sin la comitiva y los taxis no te recogen si estás solo. De hecho, en el caso de que consiguieras librarte de ese muro de amabilidad oriental, negándote cualquier improvisación, al cabo de un tiempo aparecería el guía disculpándose por haberte perdido y proponiéndote , cortésmente, que volváis al hotel. Ese es el momento en el que comprenderás que te están ocultando una realidad muy desagradable, pero no reunirás el valor suficiente para volver a escapar, reunir toda la información que puedas y destapar las atrocidades que han estado intentando ocultarte. Tenemos miedo. El valor que nos han vendido en televisión, aquel en el que las balas siempre rozan al héroe sin matarlo, es tan absurdamente temerario que te hace desistir ante cualquier acto de rebeldía menor, como colar por la aduana una cámara de fotos y un paquetito de toallitas húmedas metidos en el recto y fotografiar las barbaridades que veas en Corea, después de darle un repaso a la cámara con las toallitas. Crees que cualquier pequeña desobediencia puede conllevar un castigo insoportable. Puede que tengas razón, así que dejarás de interesarte por aquello que oculte el gobierno norcoreano e intentarás centrarte en lo que tienes delante: un baile de marionetas orquestado con tanta profesionalidad y dedicación que dudarás de su propia falsedad aunque, gracias a la inocencia de un país tan aislado tecnológicamente, las pruebas de ello estén tan a la vista.

Kim Jong-il, en su papel en Team América.

Kim Jong-il, en su papel en Team América.

   

Hipsters: los odiarás, pero su ropa te parecerá... ¿Bonita.?

Hipsters: los odiarás, pero su ropa te parecerá… ¿Bonita.?

 Son varios los periodistas que, con más o menos éxito, han logrado documentar lo que sucede en Corea del Norte, aunque yo siempre preferiré a los de Vice. Su rollo hipster a veces me echa para atrás sin tener muy claro el porqué de tanto odio. Vice movilizó a políticos estadounidenses y a los propios Globetrotters –esos que hacen gracia jugando al baloncesto, como con mucha broma y malabares- para celebrar un partido amistoso contra Corea del Norte con tintes reconciliadores. El reportero viajó como un jugador más y grabó todo aquello que le el gobierno le permitiera grabar. El gobierno Coreano puso en marcha una complejísima combinación de ciudadanos y funcionarios formados para actuar en una gran mentira, construcciones deslumbrantes para sostener una idea de progreso desmesurado y una ruta turística inflexible, sobrecargada de ejemplos de un estado del bienestar distorsionado e incomprensible, como autopistas de cinco carriles totalmente vacías o estatuas de dirigentes gordos.

     Éste es el resumen de un documental más extenso e impactante. Un aula informática a rebosar, con un equipo que a primera vista parece más que adecuado, pero con unos usuarios que claramente no saben qué hacer con el teclado o el ratón; alguien mirando la página principal del buscador Google, clickeando se dedica a cliquear sin ningún sentido en el extremo inferior de la pantalla. Gente que ha sido formada con el único propósito de componer una enorme falsedad, cuya magnitud no alcanzaremos a ver en la vida. ¿Dónde vive esa gente cuando no dedica su tiempo a esta comedia? ¿En qué trabaja? ¿Cuál es su verdadera utilidad? Imagino que les habrán traído pocos días antes, les habrán adecentado con ropas limpias y un baño frío y les habrán obligado a actuar. También puede que no estén actuando, que realmente crean que están comenzando un importante curso de informática y les han pedido que posen para unas fotografías profesionales ante los amables americanos que han regalado el equipamiento, para luego ser abandonados en pueblos fangosos y derruidos.

     El “uff del reportero lo dice todo.

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