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Hace unos días, en una colaboración en otro blog, comentaba que algunos, gracias a la perspectiva que nos da el tiempo, vamos adquiriendo una sabiduría auto conservadora imprescindible para seguir con vida. No mucho, sólo lo justo para no probar a bebernos el contenido de las botellas que guardamos debajo del fregadero y mantenernos con vida un poco más de tiempo. Poco a poco vamos siendo más juiciosos en nuestros actos y nos apartamos de todo aquello que sabemos que no nos conviene. Decía que sólo los papas y los moteros eran incapaces de madurar y dejar de lado ese infantilismo tan incompatible con la vida en sociedad y el trabajo duro. Pero claro, ¿quién va a decirle al papa o a un motero que está comportándose como un puto crío? Siempre me ha fascinado la gente que se considera con autoridad suficiente como para pausar la vida del resto del mundo. Sí, todos lo hacemos inconscientemente en alguna fiesta cuando hemos tomado unas cervezas, pero centrar tu vida y tu imagen en detener conversaciones ajenas… es realmente valiente.

Al igual que en la mayoría de casos, toda la filosofía que gobierna mi espíritu no es más que una interpretación personal y poco original de obras de otros que son más sabios que yo. Unos leen a TrevijanoZapatero o Orwell para poder comprender cuáles son las verdades ocultas que rigen nuestro presente y nuestro pasado. Yo también lo he intentado… pero encuentro muchísima más sabiduría en un capítulo de South Park que en todo el libraco de Zapatero. Sí, leí las 5610 posiciones del ebook de Zapatero… eso equivale a un Tiempos Interesantes de Terry Pratchett. Cinco mil seiscientas diez posiciones de Rodríguez Zapatero insistiendo en que no le quedaban más huevos y, por muy poco que te convenza, acabas llegando a la conclusión de que el pobre hombre fue arrollado por el peso de la macroeconomía, evidenciando así lo que todos sospechábamos: estamos dirigidos por peleles e inútiles. Eso puede resultar tranquilizador hasta cierto punto, ya que te puede generar la ilusión de que aquellos que realmente gobiernan detrás del telón tienen un poco más de sentido común que los tontainas que aparecen todos los días a dar la cara.

Elpidio José Silva

El juez Elpidio José Silva en plan picarón.

La semana pasada fuimos bombardeados con información sobre los correos electrónicos de Blesa. Por lo visto, el pobre señor tenía que comérselas de tres en tres, mientras otros cinco hacían corro a su alrededor esperando turno, manteniéndosela morcillona a base de golpecitos en la frente y la nuca -a esto se le llama, licencia artística-. Aunque lo más impactante del asunto es ver la claridad con la que la gente poderosa manipula y coacciona a su antojo, colocando en puestos de poder a gente que seguirá sus órdenes, inflando precios de obras de arte de bazar chino o, directamente, trampeando con el tema urbanístico. Por supuesto, el único que ha salido inmediatamente jodido por todo esto es un juez que, la verdad, habla como si estuviera en una película mala de espías, pero eso no le quita mérito. Es un ejemplo claro sobre la corrupción que inunda a las instituciones de todas partes. Pero también es una muestra de lo chapucera que es la gente poderosa. Descuidados, arrogantes, tontos del culo y con ese yo quiero tan infantil que sorprende lo bien que les van las cosas. Y, detrás de ellos… nada, absolutamente nada.

Miguel Blesa

Miguel Blesa, alias “La Cicciolina de Caja Madrid“.

Alan Moore, brillante guionista de cómics y mago -algún día hablaremos de la magia del caos como se merece-, ha llegado a realizar trabajos de investigación por encargo para luego plasmarlo en cómics. Una vez recibió el encargo de investigar sobre qué era lo que se escondía detrás de los dirigentes mediáticos, quiénes dirigían el cotarro en realidad. Ésto es lo que concluyó:

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Novia de Alan Moore

Podéis creer o no a este hombre con barba y pintas de vagabundo loco. Pero es fácil entender que nuestros dirigentes nunca han sido los más brillantes del insti, eran aquellos que sabían reducir los temas importantes a pequeñas y brillantes bolitas de demagogia populista, para que el gran público pudiera digerirlas sin necesidad de indagar más en dichos temas. Para ser abanderado de un ideal, no es necesario comprenderlo.

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