Psycho Bastards comenzó con un arqueamiento de cejas y una sonrisa turbada.

José Pascual Serrano... o Mr. Satán.

José Pascual Serrano… o Mr. Satán… o Frank Zappa.

José Pascual pasaba las tardes muertas en la sala de informática de la universidad, con su flamante conexión de 50 Kbps, navegando por la absurda web. Al disponer de ciertos conocimientos informáticos avanzados para aquellos oscuros principios de milenio -aunque ahora, en el avanzado futuro, podríamos calificar dichos conocimientos de mediocres-,  disfrutaba curioseando los historiales de navegación de aquellos que habían usado los ordenadores del aula antes que él. Ahí fue cuando chocó violentamente con la inspiración necesaria para formar un grupo y alimentar las inquietudes creativas del resto de sus amigos. Uno de los links consultados en el historial decía: «Perfect chubby teen riding the monster». Su nivel de inglés era más que suficiente como para entender que ese link no le llevaría a nada bueno, ya que la sala de informática estaba abarrotada de hermosas adolescentes hablando con sus novios erasmus por chat y podían considerarle el pervertido que no era. Decidió borrar el historial, evitando consultar dicho link. Pero las palabras siguieron grabadas a fuego en su mente durante semanas, destrozando sus nervios. Tenía que abrir alguna válvula para que la presión de dicha frase no acabara por hacerle explotar, poniendo en peligro a sus seres queridos. Lo consultó con algunos de sus brillantes amigos y le aconsejaron que esa válvula debería ser creativa. Era incapaz de pintar un cuadro sobre una chubby adolescente cabalgando un monstruo, así que se inclinó por lo musical, con letras en inglés, para que sus familiares más mayores e impresionables no entendieran el mensaje de sus letras.

David Serrano

David Serrano

A parte de matar el rato en aquella sala de informática, José Pascual también gustaba de pasar el tiempo tocando con sus amigos en sus respectivos locales de ensayo. Allí podía pasar horas enteras improvisando monótonos blues o, conforme iba perfeccionando sus aptitudes técnicas, componiendo complejas líneas de bajo. Llamó a aquellos amigos y se pusieron manos a la obra. Así nació “Ride my monster” el primer tema de Psycho Bastards, alabado por la crítica y por aquellos ancianos abuelos que nunca comprendieron el verdadero sentido de aquella letra. Entre todos ellos -Pere Arnal, Alberto Mut, Jordi Moliner i David Ruíz “Yoshi”- sacaron brillo a aquella idea y crearon otras tantas de igual o mayor valor artístico. El macarrismo gratuito pero elegante era el único hilo conductor de todas sus obras. Riffs cortantes tocados con maestría por Pere, letras ácidas y cargadas de un humor que cada vez iba invadiendo a más gente a su alrededor, engrosando las filas de aquellos que podían considerar iguales o, simplemente, amigos.

IMG_1471La primera desgracia para el grupo vino pocos meses más tarde, cuando Psycho Bastards ya disponía de un repertorio bastante digno y unas versiones exquisitamente adaptadas. David Ruíz “Yoshi”  decidió abandonar el grupo para dedicar más tiempo a su gran pasión: ligar. La segunda desgracia vino poco después, cuando David Serrano decidió ingresar en el grupo para suplir la baja de Yoshi. En un principio la intención era mantener a David una temporada hasta que Yoshi hubiera conseguido el objetivo marcado, hacer el amor con más de trescientas mujeres en un año. Pero el antiguo guitarrista fue dejándolo estar y nunca pudo finalizar dicho objetivo, con lo que la estancia del guitarrista interino se alargó indefinidamente.

Moliner

Moliner

David Serrano adaptó las líneas de guitarra de su predecesor, dándole un toque personal que entusiasmaba a muchos e inquietaba a otros. Sus explosivos armónicos eran capaces de enloquecer a curtidos melenudos amantes de las experiencias extremas. Cuando fue inquirido con el fin de redactar esta biografía, el guitarrista se limitó a entrecerrar los ojos y a apagarse un cigarro en el párpado derecho, sin mover un solo músculo de la cara. Pere Arnal, más amigo de la comunicación verbal, describió el primer concierto con el nuevo guitarrista como «Una locura, tío. Una puta locura.» Frustrado ante la incapacidad descriptiva de los miembros de  la banda, el autor de esta biografía tendrá que recurrir a pegar aquí una crítica torpemente narrada de dicho concierto, publicada en la web puntodecruz.org por un seguidor de Jordi Moliner, cuya verdadera pasión es el punto de cruz extremo.

«Durante los primeros acordes todo parecía funcionar a la perfección, las melenas empezaban a atusarse, los pies golpeaban rítmicamente el suelo del garito e, incluso, alguna chica borracha trataba de iniciar un curioso ritual de baile etílico y guiños sexuales torpemente dirigidos al cantante. Entonces empezó el solo de guitarra. Mi mente quedó completamente en blanco durante unos segundos. Luego, como si de una explosión se tratara, mi cabeza fue atiborrada hasta los topes de imágenes horribles sobre el genocidio camboyano. Una granja, solitaria. Y, a su alrededor, en todas direcciones, kilómetros de fosas cubrían todo el paisaje, aislando aquella granja en la que sólo se criaba a un animal: la muerte.

Cuando todo terminó, un silencio sepulcral invadió la sala. Era un silencio que quemaba nuestros tímpanos, anhelantes de esos armónicos demoníacos como si de algo inevitablemente sexual se tratara. En el suelo, algunos melenudos se contorsionaban espasmódicamente, tratando de controlar las sacudidas y evitar rajarse con los cristales rotos, de las botellas caídas durante el trance. Uno de ellos, el mítico cantante del grupo Pedernal y Azero, mientras rascaba compulsivamente su hercúleo y desnudo pecho, gimoteaba en un rincón mientras repetía una y otra vez «hijos de puta… hijos de… puta…».

El concierto fue un éxito. Mi puntuación es de 5 dedales de oro.”

Pere Arnal

Pere Arnal

Los conciertos  se sucedieron, todos ellos dentro del circuito provincial. Tocando con amigos y para amigos. El público se mantenía fiel a los valores de Psycho Bastards, rock sin más pretensiones que las de divertir a los demás, mientras, eran ellos los que más disfrutaban. Las recompensas económicas nunca llegaron, tampoco hicieron nada por buscarlas. Los miembros del grupo le conferían un valor muy alto al simple hecho de poder ensayar entre amigos y salir ocasionalmente a actuar en algún garito en el que se respetara la dignidad del músico –sin grandes cachés, pero sin perder dinero ni partirse la espalda cargando y descargando equipo a cambio de nada-. Poco a poco, algunos de los miembros, fueron encontrando cada vez menos tiempo que poder dedicarle al proyecto Psycho Bastards y los ensayos se fueron espaciando en el tiempo cada vez más. El resto de la banda que permanecía dispuesta a continuar comprendió que resultaba inviable buscar sustitutos para aquellos que no podían acudir regularmente a su cita semanal, ya que Psycho Bastards era lo que era gracias a sus cinco componentes y creían imposible que un sustituto pudiera comprender al 100% la filosofía de Psycho Bastards. Así que el grupo se disolvió durante algunos años.

Psycho BastardsDesde 2006 hasta 2011, los miembros siguieron viéndose regularmente en otras aventuras musicales. Celebraban fiestas en las que el alcohol era el invitado de honor y conversaban durante horas sobre las vicisitudes de la experiencia musical y el rock. Con el tiempo, aquellos amigos, comprendieron que era más saludable para ellos ensayar, aunque sólo pudiera ser muy de vez en cuando, que dar por muerto un proyecto tan valioso para estabilizar sus chacras, evitando desahogarse de formas más peligrosas, como la revolución violenta contra los poderes establecidos o la fabricación de tapices utilizando sólo técnicas medievales. Sintieron la necesidad de revivir el proyecto. Entendieron que, aunque el éxito desmesurado, las fans histéricas y los viajes pagados estarían muy bien, la tensión descargada en cada ensayo, la amistad y la complicidad forjada en los ensayos era suficiente para satisfacer sus inquietudes artísticas. Algunos de ellos tenían tanto amor que repartir que decidieron seguir implicándose en otros proyectos musicales para desarrollar distintas técnicas interpretativas, pero Psycho Bastards seguía siendo un oasis de paz al que volver cuando el estrés de la vida moderna amenazaba con invadirles.

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Poco a poco el grupo volvió a coger forma y todos ellos pusieron en práctica los conocimientos adquiridos en las otras bandas, perfeccionando todavía más el estilo y la filosofía del grupo. Salieron temas nuevos y los miembros empezaron a sentirse cada vez más a gusto dentro de Psycho Bastards y, como ocurre siempre, volvieron a concebir la necesidad de compartir con el resto del mundo todo lo que habían aprendido a base de años de práctica y curiosidad musical.

Alberto

Alberto

Y en esas están ahora. Iniciando un 2014, con repertorio pulido y completo, con intención de grabar los temas antiguos y nuevos, con afán creativo pero con los pies sobre la tierra. Dándole el valor que se merece al simple hecho de tener un punto de referencia del que partir, algo que siempre está ahí y que va evolucionando con calma y sin pretensiones. Algo que, aunque el resto del mundo pueda pudrirse poco a poco y caer en intensas depresiones socio-económicas, Psycho Bastards siempre continuará inviolable, como el más terapéutico de los hobbies.

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